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Mostrando las entradas de junio, 2017

02/06/17

El despertador, un sonámbulo mosquito que retumba en el tímpano, como si fuera él el dueño. Veo a las bestias verdes pasar, con su cara bien limpia, y sus grandes escudos de plástico. Me disculpo con el chofer que me trajo hasta aquí, por no contar con el billete de menor valor en mi bolsillo. Que se disculpe el ignorante que se coloca delante a mi, sabiendo que su puesto originalmente es detrás, no porque quiera, sino por ley. Perdida en este piso sucio, lleno de colillas por doquier. Dejo que un suspiro se lleve todos mis pesares, pero aún están por dentro, queman y debilitan, poco a poco. Me amarga la conciencia aquella cátedra de colegio que tengo que cursar por omisión de la misma. Le pedí a Dios que no me dejara el transporte, ¿será que escucho?, ¿será que es real? No lo sé, nunca lo sé, solo esperare sentada, siendo aún más parte de cada colilla que posa a mi lado. ¿Comencé con el pie izquierdo o con el derecho?, Con los dos, creo. Creer es lo único que tengo. Sí, es...

Cuestionario

¿Hasta donde ha llegado nuestra moral?, ¿Será que existe?, ¿Es verdaderamente latente?. Siendo cuestionable por el simple hecho de hacernos sordos, mudos, y sin crítica para con la realidad. Ser prioritarios para aquello que nos destruye como país. Sentarme alrededor de plagas y ratas, que no merecen ni lo más mínimo que poseen. Ver sus grandes bocotas sonriendo, burlandose y apostando por más miseria, mientras la mayoría come los residuos en bolsas negras, mientras los ingenieros son taxistas, mientras los músicos venden café, deslingandolos de su esencia propia, distrayéndolos con el caos y la desesperación, con la necesidad de aquel papel que te permite llegar muy lejos, si lo tienes en abundancia. Sistematizados para creer que la única realidad necesaria es degollarnos por material de tercera, que solo alimenta una felicidad utópica. Tú, con tus grandes manos, comiendo en restaurantes finos, degustando el plato más delicioso, mientras del otro lado de la acera se encuentra él...

Intento nefasto

Necesitando escapar de tanta rutina, queriendo escuchar el viento con sus arboles, sin interrupción de motores, que solo esparcen humo, un olor desagradable para muchos. Sentir la paz de la tierra, frotando mis pies junto con ella. Nada se acerca a mi realidad, esperar por aquella que me ayudara a obtener un papel firmado, para conseguir aquel empleo que quiero, ese que hace poco les comente. Escribo en plural, como si lo hiciera para alguien más. Manos resecas, llenas de trabajo y esfuerzo. ¿Como serán mis manos a los 30?, ¿aún más rústicas y menos delicadas?. ¿Como serán a los 50?, ¿las tendré aún conmigo?. Siempre me pregunto por el futuro, porque ya lo quiero aquí, pero a su vez quiero el pasado de vuelta, aquel en donde mi mente era despreocupada, donde no me importaba mucho, solo jugar y ser feliz. Ahora me encuentro jugando a ser feliz.