Contienda

Recibiendo buenas noticias desde el comienzo del día, despertando con sus abrazos alrededor de mi cuerpo, sintiendo su color y sus besos suaves de algodón. Llegar a casa y deleitarme con la sonrisa más perfecta, de encías rosadas, con ojos brillantes y exuberantes. Sentir el regocijo de la comida más deliciosa hecha por ella, mi pilar del arte, mi mujer de gran sonrisa y pecas en abundancia.

Concretar aquel puesto deseado, en aquella oficina de luz amarillenta, donde no aprecias la belleza de los colores vivos, pero te hace sentir cálida y en confort. Anulando el hecho de la chimenea que tengo como compañero, ¡Dios bendiga tus pulmones, amigo mío!.

Quise arruinar tal día radiante de cielo azul, aquel que me deleito al ver a diario. Sí, quise arruinarlo, llevado aquel humo espeso a mis pulmones, para que se fuera a la conciencia, y hiciera de las suyas en un viaje astral, perdida entre la naturaleza y el universo. Lo tome con la punta de mis dedos, lo coloque al borde de mis labios, suspire, pero esta vez ocurrió algo distinto. Toco mi puerta pero no permití su paso. Decidí no hacerlo, y solo observar la reacción de mis compañeros, ver sus ojos y escuchar sus voces pausadas, sus largos silencios, en referencia con el viaje mental, aquel que también produce dependencia.

"No me dejes caer en tentación y librame del mal, amen"

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