La mitad de mi ciudad
Esta vez solo quería aquello, lo que llega a la conciencia, relajando latente en las neuronas, concentrándome en lo sucedido. Consecuencia de mi sueño, la revelación que desperdicie de algún modo.
Secuaces reprimiendo un intento de hurto, atacando al instante, suceso del cual no me percate, dirigiéndome ciega por el túnel, donde al entrar nos sumergimos en un sonido hueco, como la cuchilla de la licuadora, aquella que destroza tus alimentos cual bestia indomable. Sin importar esto, llega de manera espontanea afirmando "suena como si estuviera acabando el mundo". Un intento de chiste para mi, afirmando lo dicho por el secuaz, pero nunca escuchado. Él permanecía ahí. Peligro, te adentras a un mundo retorcido. La otra cara. Él, aún conduciendo mis ojos vendados y oídos ensordecidos. Salir de lo tranquilo, viendo al todo el mundo venir y yo simplemente al contrario, como si me encontrara perdida. Llegar a la esquina, tres cuadras, exactamente esas, numero impar. Al llegar, un desafió de fe. Recuerdo sus colores, eran tres, rojo, azul, y blanco. ¡Bendito numero impar!
Para escapar, de costumbre ir al contrario. Tres cuadras abajo, encontrar la equis del mapa, naranja fuego. Manteniendo la esperanza, pudiendo llegar al lugar donde seis ángeles, mitad de tres, afirmando el peligro de la sucesión. Justo de frente aquellos al que las madres gritan "asesino", los de boina roja, apariencia cambiada para la estimulación del chip robot. No lo quería, me negué en instancia, pero solo uno era el camino.
Repetí las mismas cuatro oraciones que todas las noches, casi con los ojos cerrados, logrando cruzar con la mano en el corazón. Aún se escuchaban los gritos de la madre - -¡hijo de puta!- junto con las balas. Logro llegar de entrada, ella simplemente esta cerrada, aún mantengo esperanza. Llega, vestida de color cielo. Una llamada. Ojos inundados de lagrimas, por el gas. Aquellos que los lanzan, hacen gritar a las madres "asalariado".
Todo requiere un esfuerzo, subir doce pisos, uno mas abajo del impar. Creo que me equivoque de numero. Saludar aquel que apuñalo mi brazo derecho, no recibir respuesta, llevada con vendas y tapones. ¡Gracias por ser tan idiota! eso me sirvió de arte. Gracias a Dios por mantenerme alejada de aquellos tontos sin escrúpulos. Dos eran mis secuaces, conmigo son tres. Ligera historia a la que le doy sentido cruzando por el medio de mi ciudad.
Secuaces reprimiendo un intento de hurto, atacando al instante, suceso del cual no me percate, dirigiéndome ciega por el túnel, donde al entrar nos sumergimos en un sonido hueco, como la cuchilla de la licuadora, aquella que destroza tus alimentos cual bestia indomable. Sin importar esto, llega de manera espontanea afirmando "suena como si estuviera acabando el mundo". Un intento de chiste para mi, afirmando lo dicho por el secuaz, pero nunca escuchado. Él permanecía ahí. Peligro, te adentras a un mundo retorcido. La otra cara. Él, aún conduciendo mis ojos vendados y oídos ensordecidos. Salir de lo tranquilo, viendo al todo el mundo venir y yo simplemente al contrario, como si me encontrara perdida. Llegar a la esquina, tres cuadras, exactamente esas, numero impar. Al llegar, un desafió de fe. Recuerdo sus colores, eran tres, rojo, azul, y blanco. ¡Bendito numero impar!
Para escapar, de costumbre ir al contrario. Tres cuadras abajo, encontrar la equis del mapa, naranja fuego. Manteniendo la esperanza, pudiendo llegar al lugar donde seis ángeles, mitad de tres, afirmando el peligro de la sucesión. Justo de frente aquellos al que las madres gritan "asesino", los de boina roja, apariencia cambiada para la estimulación del chip robot. No lo quería, me negué en instancia, pero solo uno era el camino.
Repetí las mismas cuatro oraciones que todas las noches, casi con los ojos cerrados, logrando cruzar con la mano en el corazón. Aún se escuchaban los gritos de la madre - -¡hijo de puta!- junto con las balas. Logro llegar de entrada, ella simplemente esta cerrada, aún mantengo esperanza. Llega, vestida de color cielo. Una llamada. Ojos inundados de lagrimas, por el gas. Aquellos que los lanzan, hacen gritar a las madres "asalariado".
Todo requiere un esfuerzo, subir doce pisos, uno mas abajo del impar. Creo que me equivoque de numero. Saludar aquel que apuñalo mi brazo derecho, no recibir respuesta, llevada con vendas y tapones. ¡Gracias por ser tan idiota! eso me sirvió de arte. Gracias a Dios por mantenerme alejada de aquellos tontos sin escrúpulos. Dos eran mis secuaces, conmigo son tres. Ligera historia a la que le doy sentido cruzando por el medio de mi ciudad.
tienes talento nena... la felicito.¡
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