Dos y siete

Hoy celebraría su cumple años, ni me pregunten por su edad porque no me la se, solo diré que en mis escritos estas viva, presente como orquídea en Mayo, presente en el aire que da a sonar la campana que colgaste en aquella ventana, es azul, escucho su melodía de lejos.

Luego de tantos años repetí lo mismo, desde otra postura, viendo su cuerpo tendido en aquella cama hospitalaria, fría, sin sentido del sentir, apagada y desagradable. Ella, que es todo lo contrario a esto, permanecía allí, sin opción alguna, pero lo que más llena mi espíritu es el saber de nuestro futuro, asegurarle no repetir desagradables momentos, que al fin y al cabo son experiencias de curriculum.

Despeinada, sobre la acera amarilla, sucia y mugrienta, desvaneciendo energías por todo el redondel. Solo quiero aquel pan que me niega el tirano, el que me habla de socialismo con el aliento fresco de pasta francesa. Me reprimes el bocado que Dios creo para sus hijos. Cada uno de ellos los que están detrás y delante, en el auto, el hospital, la carnicería, cada uno de ellos merece aquel regocijo para su lengua, muy basto para satisfacer el hambre que retuerce tus tripas y te causa mareos.

Pienso en ti y tu sonrisa. Él y su textura. Pienso en ella y su comodidad. Pienso en mi, como materia raptada por un lapicero.

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